La apicultura, técnica dedicada a la crí­a de abejas, es una de las actividades más antiguas y con más historia en la vida de diferentes civilizaciones. En Asturias comenzó su andadura hace siglos, siendo la abeja durante años el único insecto del que se aprovechaban sus productos

La apicultura ha tenido desde hace siglos un papel importante en diferentes civilizaciones. Más de doscientas pinturas rupestres de hace 8.000 años representan la actividad de mujeres y niños, de antiguas poblaciones de cazadores, junto a abejas y colmenas silvestres. Una profesión que, con la llegada de la sedentarización, pasarí­a a ser misión de los hombres.

De Egipto a Asturias

La apicultura como actividad ganadera se expandió por la Pení­nsula Ibérica habiendo sido primero un ejercicio importante en Egipto, Grecia y la antigua Roma. De esta manera, durante la Edad Media en el Principado de Asturias, comenzó a considerarse a las abejas como ganado menor, siendo el único insecto explotado por los campesinos. Esto sucedí­a debido a las ya conocedoras por aquel entonces propiedades nutritivas de la miel, siendo consumida por los campesinos asturianos. 

Estos campesinos eran conocidos como abeyeiros – abejeros en castellano-, auténticos especialistas en la crí­a de abejas que desarrollaban técnicas que permití­an sacar el máximo beneficio de las colmenas siendo la miel y la cera los dos principales productos.

La crí­a de abejas diferenciada por zonas geográficas

En Asturias, la crí­a de abejas se ha desarrollado en dos zonas geográficas diferentes, siendo esto un punto importante en las caracterí­sticas organolépticas de cada miel. El rí­o Narcea separa la zona Oriental de la Occidental, localizando los concejos de la parte este del rí­o como la zona oriental y la parte oeste como la occidental.

En la zona Occidental el aprovechamiento de la apicultura se manifiesta aún hoy en el paisaje con dos construcciones especí­ficas: los talameiros y, sobre todo, los cortinos. Son modelos de colmenares muy especí­ficos. Construcciones de piedra cuyo objetivo era, y sigue siendo, defender a las colmenas de los osos y del fuego. Los cortinos, en forma redonda, y talameiros, en forma cuadrada. Era tan habitual la crí­a de abejas, que más de la mitad de la población de la zona utilizaba la apicultura como profesión.

Esta zona es donde se sitúan nuestras colmenas, siendo una zona con gran vegetación que dota a nuestras mieles de caracterí­sticas organolépticas especiales.

Al contrario que en la zona Occidental, en la zona Oriental la apicultura no estaba tan desarrollada y solo uno o dos vecinos de cada población se dedicaban a la crí­a de las abejas. Los colmenares se solí­an ubicar en el interior de los pueblos y su número era reducido.

La apicultura en Asturias hasta el dí­a de hoy

Si bien se trata de una tradición milenaria, es cierto que ha ido decayendo con el paso de los siglos. En el Catastro del Marqués de la Ensenada, un censo económico realizado por orden de la Corona a mediados del siglo XVIII, se retrata cómo el número de colmenas ha pasado en tres siglos de 65.813 a las 30.000 actuales.

Un claro retroceso en la actividad apí­cola asturiana que no hemos dejado que afecte al desarrollo de nuestras mieles. Por eso, desde Miel LA PUELA continuamos trabajando para proseguir con esta tradición milenaria, cuidando y respetando nuestro entorno, nuestras colmenas y nuestras abejas. Lo hacemos con un objetivo claro; poner a tu disposición unos productos 100% naturales, sin ningún tratamiento. Si quieres comprar Miel LA PUELA, visita nuestra tienda online.